Obra Fernando Arrabal, Picnic


Pic-Nic, de Fernando Arrabal (Pique-nique en campagne, 1962), es una obra teatral muy breve que denuncia el absurdo de la guerra a través de personajes ignorantes e inocentes y el traslado al contexto bélico de las soluciones de la vida civil y cotidiana. Sería una obra cómica —que en ocasiones recuerda a Gila— si el final no dejara helado el optimismo. Parece fácil de adaptar para las tablas de un instituto; requiere cuatro actores principales y dos secundarios. Zapo es un soldado de trinchera, que se encuentra solo entre el fragor de las bombas y las ametralladoras. Cuando este se interrumpe, saca un jersey a medio tejer y lo continúa. Suena el teléfono de campaña, que traerá las órdenes del capitán sin que oigamos su voz. Zapo demuestra no estar al cabo de lo que se espera de él («Y las bombas, ¿cuándo las tiro? ¿Pero, por fin, hacia dónde las tiro, hacia atrás o hacia adelante? … No se ponga usted así conmigo, no lo digo para molestarle»). Nada más colgar, recibe la visita de sus padres, los señores Tepán, dos personajes ceremoniosos y plenamente sociales: la primera frase del padre es: «Hijo, levántate y besa en la frente a tu madre». El padre recuerda la guerra en la que estuvo él (aquello sí que eran buenas guerras, con caballos y todo) y la madre da otra pista de los ojos con los que se quiere ver la situación al afirmar que sabe bien de qué color era el uniforme de los enemigos porque aparecía en sus juegos infantiles. A Zapo lo tratan como a un niño: se le dice que es de mala educación sentarse a la mesa con fusil y la madre lo examina y reprende por no haberse lavado bien. Se ponen a comer. (La batalla hace furor. Se oyen tiros, bombazos, rá­fagas de ametralladora. ZAPO, solo en escena, está acurrucado entre los sacos. Tiene mucho miedo. Cesa el combate. Silencio. ZAPO saca de una cesta de tela una madeja de lana y unas agujas. Se pone a hacer un jersey que ya tiene bastante avanzado. Suena el tim­bre del teléfono de campaña que ZAPO tiene a su lado.)


ZAPO.-Diga... Diga... A sus órdenes mi capitán... En efecto, soy el centinela de la cota 47... Sin novedad, mi capitán... Perdone, mi capitán, ¿cuándo comienza otra vez la batalla?.. Y las bombas, ¿cuándo las tiro?.. ¿Pero, por fin, hacia dónde las tiro, hacia atrás o ha­cia adelante?.. No se ponga usted así conmigo. No lo digo para molestarle... Capitán, me encue(El capitán le riñe.) A sus órdenes... A sus ór­denes, mi capitán. (ZAPO cuelga el teléfono. Refunfu­ña.)(Silencio. Entra en escena el matrimonio TEPÁN con cestas, como si vinieran a pasar un día en el campo. Se dirigen a su hijo, ZAPO, que, de espaldas y escon­dido entre los sacos, no ve lo que pasa.)


SR. TEPÁN.- (Ceremoniosamente.) Hijo, levántate y besa en la frente a tu madre. (ZAPO, aliviado y sorpren­dido, se levanta y besa en la frente a su madre con mu­cho respeto. Quiere hablar. Su padre le interrumpe.) Y ahora, bésame a mí. (Lo besa en la frente.)


ZAPO.-Pero papaítos, ¿cómo os habéis atrevido a ve­nir aquí con lo peligroso que es? Iros inmediatamente.

SR. TEPÁN.- ¿Acaso quieres dar a tu padre una lec­ción de guerras y peligros? Esto para mí es un pasatiem­po. Cuántas veces, sin ir más lejos, he bajado del metro en marcha.



SRA. TEPÁN.-Esto es lo agradable de salir los domin­gos al campo. Siempre se encuentra gente simpática. (Pausa.) Y usted, ¿por qué es enemigo?
ZEPO.-No sé de estas cosas. Yo tengo muy poca cultura.



SRA. TEPÁN.- ¿Eso es de nacimiento, o se hizo usted enemigo más tarde?

ZEPO.-No sé. Ya le digo que no sé.



SR. TEPÁN.-Entonces, ¿cómo ha venido a la guerra?

ZEPO.- Yo estaba un día en mi casa arreglando una plancha eléctrica de mi madre cuando vino un señor y me dijo: « ¿Es usted Zepo? Sí. Pues que me han dicho que tienes que ir a la guerra.» Y yo entonces le pregunté: «Pero, ¿a qué guerra?» Y él me dijo: «Qué bruto eres, ¿es que no lees los periódicos?» Yo le dije que sí, pero no lo de las guerras...




ZAPO.-Igualito, igualito me pasó a mí.

SR. TEPÁN.-Sí, igualmente te vinieron a ti a buscar.

SRA. TEPÁN.-No, no era igual, aquel día tú no esta­bas arreglando una plancha eléctrica, sino una avería del coche. .



SR. TEPÁN.-Digo en lo otro. (A ZEPO.) Continúe. ¿Y qué pasó luego?

ZEPO.-Le dije que además tenía novia y que si no iba conmigo al cine losdomingos lo iba a pasar muy aburrido. Me respondió que eso de la novia no tenía im­portancia.


ZAPO.-Igualito, igualito que a mí.

ZEPO.-Luego bajó mi padre y dijo que yo no podía ir a la guerra porque no tenía caballo.
ZAPO.-Igualito dijo mi padre.



ZEPO.-Pero el señor dijo que no hacía falta caba­llo y yo le pregunté si podía llevar a mi novia, y me dijo que no. Entonces le pregunté si podía llevar a mi tía para que me hiciera natillas los jueves, que me gus­tan mucho.



SRA. TEPÁN.-.(Dándose cuenta de que ha olvidado algo.) ¡Ay, las natillas!

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